Vivimos tiempos muy agitados, estoy seguro de que más de uno quiciéramos alargar las horas del día, para así poder terminar con nuestros compromisos cotidianos, pero es en medio de esta carrera por hacer lo nuestro, que pasamos sin notar las necesidades o los triunfos de los que nos rodean.
Dios a través del apóstol Pablo nos dice "Gozaos con los que se gozan; llora con los que lloran" Romanos 12:15.
Lo más común es gozarnos con los que se gozan, pero cuando estamos faltos de comunión con Dios y con nuestro prójimo, nuestra espiritualidad se debilita y nuestra carnalidad sale a relucir y dejamos de gozarnos de las victorias de nuestros hermanos. El egocéntrico solo se goza de sus logros, pero se consume al ver los agenos, 1 Corintios 13:4 nos enseña que el amor verdadero "No envidia"; como hijos de Dios debemos vivir amando de forma verdadera sin envidia y debemos gozarnos sinceramente del logro de los demás. Si existe envidia en nosotros es probable que estemos fallando en nuestra comunión con Dios, porque sólo Él puede dotarnos de un corazón sencible.
Si no podemos gozarnos con los que se gozan, menos podríamos ser sencible a las necesidades de nuestros semejantes, aunque el mandato de nuestro buen Dios sea claro "Llorad con los que lloran".
Nuestro amado Dios no es insensible a nuestras tristezas, no es ageno a nuestros sentimientos, al contrario ha puesto por escrito que Él dará consuelo al que llora, dice Mateo 5:4 "Bienaventurado los que lloran, porque ellos recibirán consolación" todos aquellos que sufren necesidad, persecución, desprecio, pérdidas, etc. Pueden encontrar en Dios consuelo, y es el creyente aquel que debe ser un agente dispuesto a ser empático con el afligido y brindar su consuelo.
Ya no debemos ser insensibles como el mundo muchas veces se conduce, ahora dice la palabra de Dios en Colosenses 3:12 "vestidos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia."
Tenemos el mandato de vestirnos de esas ropas de misericordia y benignidad que nuestro buen Dios nos proporciona y de desechar esos trapos sucios y mundanos, vistiendo os ahora de ese ropage glorioso.
¿Quiére mejorar sus relaciones personales con su prójimo? Es necesario que empiece a sentir empatía, renueve su corazón y vigile que no sea víctima de la amargura que nuestro enemigo constantemente intenta sembrar en nosotros.
Gócese con los que se gozan y sea de consuelo a los que lloran. Porque de otra manera ¿Cómo podría ser eficiente nuestro mensaje, si no reflejamos la empatía de nuestro Señor y Salvador?
Respondamos a este mandato, pidamos a Dios que haga su obra en nosotros y seamos censibles a las emociones de los que nos rodean.
