Cuando no te dejas usar por Dios…
Cuando no te dejas usar por Dios, quedas vulnerable, convirtiéndote en tierra fértil, a disposición de ser usado por el maligno, el cual no desaprovechará la oportunidad para sembrar la mala semilla, podemos ver este hecho en la historia de rivalidad entre Saúl y David.
El antecedente
Cuando el pueblo demandó Rey, Dios puso a Saúl como rey de Israel (1 Sam. 10:24) pero en poco tiempo Saúl demostró no sujetarse a Dios, actuando bajo su propia voluntad y siendo deshonesto, esto nos queda claro en el capítulo 13 de 1 Samuel, cuando debiendo esperar la llegada de Samuel para los sacrificios, fue impaciente y decidió hacerlos él mismo, a lo cual la respuesta de Samuel fue “no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios que él te había ordenado” (1 Sam. 13: 8-15) no supo esperar en Dios, se desesperó por ver a sus hombres que desertaban y a sus enemigos que se reunían, así que decidió actuar, poco después su desobediencia fue más abierta, Dios le había mandado a destruir a Amalec y todo lo que tenía, el mandato de Dios fue muy claro (1 Sam. 15:1-3) pero nuevamente Saúl decide hacer su voluntad y no la de Dios, lo que él creía, lo que le convenía, perdonando lo mejor del ganado y a Agag rey de Amalec (1 Sam.13:9) lo cual resultó en la desaprobación de parte Dios. Su desobediencia le había costado el reino (1 Sam 13:10-16). Saúl dejó muy en claro que reinaría sin tener en cuenta a Dios y se fue apartando de ÉL, dando oportunidad a que satanás influyera en su vida.
Estando lejos de la comunión con Dios, fué terreno fértil para satanás
Dios decide elegir un nuevo rey, el cual busque obedecer, (presentándonos un contraste que pudiéramos tomar como una ilustración, viendo en Saúl al tipo de creyente que vive una vida de desorden y sin crecimiento, y en David personificado el creyente que a pesar de que cae en pecado, se esfuerza por hacer lo correcto delante de Dios, aceptando su disciplina cuando ésta llega como consecuencia de sus pecados), entonces los ojos de Dios estaban puestos sobre David, el cual envió para ungir (1 Sam. 16:12-13), sería el próximo rey de Israel al terminar el reinado de Saúl, la mano de Dios estaba visiblemente con David, no nos cabe duda al verlo vencer a Goliat (1 Sam. 17:41-51) desde ese momento Saúl lo puso sobre gente de guerra, y David actuaba de forma prudente, no buscando su gloria, pero era inevitable que el pueblo cantará bonanzas a David, lo cual provocó el celo de Saúl y su corazón se puso en contra de David (1 Sam. 18:5-8) un espíritu malo lo incitaba a querer matar a David (1 Sam. 18:10-11; 19:9-10) lo que ahora pasaba en la vida de Saúl, era consecuencia de un alejamiento de Dios, es evidente que si él hubiera sido obediente, si hubiera depositado su confianza en las manos de Dios y le buscare, no sería un campo fértil para que los celos crecieran, pero éstos estaban como semillas sembrados en el corazón de Saúl y fueron germinando y dando sus frutos, buscando incesablemente acabar con la vida de David, a pesar de que David constantemente le mostraba respeto, lealtad y benevolencia.
El creyente carnal es campo fértil para la mala semilla
Un creyente no puede perder su salvación, pero sí puede tener una vida raquítica, sin crecimiento espiritual, haciendo su voluntad antes que la de Dios, es este campo en el cual satanás siembra la semilla de los celos, envidias, malos entendidos, etc, Pablo escribe a los Corintios al respecto, señalando que a pesar de ser creyentes, estaban manifestando una vida carnal, ya que entre ellos se estaba dando divisiones, se discutía quién era aquel líder espiritual de mayor relevancia, las obras que dejaban ver eran los celos y la contienda, comportándose como quien está sin Cristo (1 Cor. 3:3-4) Pablo en su epístola a los Gálatas enumera las obras de la carne (Gal. 5:19-21) entre las cuales están los celos, las enemistades, los pleitos, iras, contiendas, disensiones, tales obras no debieran dominar la vida del creyente, pero en ocasiones se hacen manifiestas cuando nuestra vida espiritual está débil, no podemos ocultar la condición espiritual en la que vivimos, ya que en las obras se ve la calidad de nuestra fe, por tal motivo, debemos procurar vivir una vida de constante crecimiento espiritual, para que nuestras obras den honra a nuestro Dios, y no seamos presa fácil de satanás.
No debe hacer como que si fuera un ciego
Lo peor que puede hacer, es fingir, hacer como si estas malas obras no se encuentran manifestándose en su vida, cuando son verdaderamente notables. Cuando Dios nos hace ver nuestro pecado, normalmente buscamos justificación, lo más práctico siempre será buscar a quién culpar, como cuando Adán falló en su responsabilidad de no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, en vez de aceptar la parte de su culpa, primero culpó a la mujer e indirectamente a Dios “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.” (Gn. 3:12) así solemos hacer nosotros, en vez de aceptar la parte de la culpa que me pertenece, prefiero culpar por completo a una segunda persona, de esta forma solo manifestamos falta de mansedumbre y humildad, demostrando orgullo, lo cual no nos permitirá el crecimiento espiritual, sino decrecimiento y una vida que se va amargando poco a poco. Bien haremos en escuchar el consejo de Santiago que nos dice que no debemos ser oidores solamente sino también hacedores (Stg.1:22), es bueno escuchar la voz de Dios, pero no debemos conformarnos solo con escuchar sus instrucciones, sino también ser obedientes a ellas, recuerde a Saúl quien escuchó el consejo e instrucciones de Dios, pero solamente eso, él fue un oidor olvidadizo, dando de esta manera oportunidad para que satanás siembre la mala semilla en su corazón.
¡Recuerda! nuestro enemigo el diablo anda como un león rugiente, al acecho, buscando a quién devorar, no seas presa de sus maquinaciones.
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